viernes, 27 de febrero de 2015

Viajes premonitorios

Puente Nijubashi, Tokio.

Esta mañana mientras desayunaba he recordado un viaje fundamental en mi vida, un viaje premonitorio, pero mucho, de circunstancias que han marcado significativamente mi devenir posterior por estos andurriales mundanos. Es paradójico que las premoniciones no las vislumbremos hasta que han sucedido, de hecho siempre se hace referencia a ellas en pasado, lo que viene a ser una antinomia.

Recordaba aquel viaje que hicimos mi hermana Ignacia y yo el 17 de septiembre de 1972, de Segura de León a Sevilla, en un autocar de la empresa La Estellesa que tenía el volante a la derecha y justo en el centro de la zona delantera un gran bulto sucio, de color granate y forrado de escay. Nos acomodamos en nuestros asientos y mi hermana se pegó todo el camino llorando y sin decir ni media palabra, por entonces ella tenía 20 años y 2 meses. Se sentó colocando sobre sus piernas una caja de cartón, de galletas María de tres kilos, que contenía algunas viandas de las que mi madre nos proveyó para cuando llegásemos a Sevilla. Con mis 7 años recién cumplidos no entendía nada, solo miraba el paisaje y de vez en cuando a ella para ver si se le había pasado. Ni nos movimos de nuestro sitio cuando el vehículo tuvo que parar en mitad de la Cuesta de la Media Fanega porque aquella prominecia, que rugía junto al conductor, humeaba y amenazaba con salir ardiendo.

Ya en este trecho se dieron un par de premoniciones importantes: Mi hermana ha llorado muy poco desde entonces, a partir de aquel día puedo presumir que soy de las pocas personas que la ha visto llorar de esa manera o de cualquier otra , creo que se vació de lágrimas en aquellas tres horas y media. La otra es que durante algo más de cuarenta años he comido diariamente galletas María, posiblemente haya sido uno de los mejores clientes que tuvieron nunca Cuétara o Fontaneda. Tal es así que, ya de jovencito, visité Aguilar de Campoó y cuando inhalé aquel aire por primera vez fue como un sueño, increíble por lo placentero. Desde hace algunos meses, no se por qué capricho de la naturaleza, he desarrollado una alergia a la leche y ya no desayuno ni meriendo galletas María.

Cuando llegamos a Sevilla nos esperaban en la cochera de La Estellesa, situada entre la calle Arenal y Adriano. La sensación del encuentro con nuestros hermanos fue más bien ambivalente, por un lado de alegría, por otro de cansancio y por último de extrañeza al estar separados de nuestra madre y en un sitio desconocido. No había tiempo para mucho pues el último autobús que salía para el Parque Alcosa, desde el foso de la Universidad, lo hacía a las 9, así que a andar rápido para no perderlo, que la cosa no estaba para coger taxis. En aquel entonces no había autobús de línea para llegar a un barrio obrero que aun estaba en construcción, solo estaban habitados unos cuantos bloques de pisos, todo rodeado de escombros y limitado por una carretera, un canal y una fábrica algodonera, que cuando venía el aire de poniente alfombraba de pelusa blanca el patio del colegio. Muchos años después sería cerrada por provocar severas lesiones pulmonares crónicas en los vecinos. La dotación de mobiliario urbano y de equipamiento de servicios brillaba por su ausencia, un cura rojo decía misa en el almacén de herramientas y materiales de la empresa constructora y para acceder a determinados lugares de la ciudad teníamos que darnos, campo a través, unas caminatas extenuantes.

Pues bien, luego de andar a buen paso hasta llegar a Palos de la Frontera, esquina con la avenida del Cid, frente al casino de la Exposición, nos encontramos con un autobús de Damián Millán, que era la empresa concesionaria de aquel trayecto, y un grupo no muy  numeroso de personas montándose en él, como era domingo y casi de noche poca gente se veía ya por ahí. El vecino foso del edificio de la Fábrica de Tabacos, que había servido para proteger el edificio de los malhechores y del río Tagarete, que pasaba soterrado por la calle San Fernando y que ayudaba a su padre el Guadalquivir para que el nivel freático de la zona esté muy cerca de la superficie, presentaba un aspecto sucio, oscuro y lleno de maleza, así que me impresionó, casi me dio miedo. Al poco cambiaron la parada al Prado de San Sebastián, donde ese año se dejó de celebrar la Feria de Sevilla. Comenzó pues el camino hacia el suburbio: hasta la calle Oriente todo era ciudad, a partir de ahí las vaquerías y escombreras antes de llegar al Polígono de San Pablo y desde allí la nada hasta alcanzar nuestro  destino, ya de noche cerrada y cansado por tantas emociones aquella jornada que parecía interminable llegó a su fin.

Otra premonición: A ese edificio que protegía aquel foso, que en su día me pareció inhóspito, he estado ligado la mayor parte de mi existencia adulta y en él me he formado como persona y como profesional, y en él sigo desempeñando mi humilde oficio de gestor cultural. Ahora volveré a ser estudiante después de haber sido casi de todo. Mis hijas están ya empezando a hablar sobre su futuro universitario y piensan que esta es la Universidad en la que les gustaría hacer sus estudios superiores. Así que desde aquella noche de domingo de 1972 y hasta dentro de muchos años voy a ver que aquel autobús azul y destartalado  me sigue llevando al  futuro inmediato.

El día siguiente, mientras mis hermanas comenzaban a trabajar en una fábrica de hilaturas con horarios imposibles, mi hermano Jesús y yo fuimos al colegio, que se abría por primera vez en aquel barrio y comenzamos una andadura que tenía más de dura que de andar, pero supimos sortear los baches y encaminamos un rumbo medianamente razonable. Todo en aquel curso fue sorpresivo más que sorprendente e iba acompañado de una sensación de aventura que no te permitía acomodo en ningún momento. Para mi lo más alucinante resultó una extraña excursión en la que nos embarcaron sin previo aviso, ya casi a final de curso. Nos montaron en un autobús y nos llevaron al aeropuerto, a pesar de lo cerca que estábamos de allí nunca lo habíamos visitado, al bajar nos dieron unas banderitas y nos depositaron en la pista para recibir y aclamar a los príncipes españoles y al emperador del Japón y su esposa. Una hora después, más o menos, nos devolvieron al barrio y los profes nos hablaron algo de Japón y nos recomendaron que ese día viésemos el Telediario. Todo aquello fue como si estuviera viendo una película, como un vuelo astral  de esos que,dicen, te ves desde arriba. Muchas cosas marcianas nos pasaron en aquel tiempo.

La última premonición: Muchos años después y por motivo de trabajo he viajado dos veces a Japón, afortunadamente la segunda acompañado de mi mujer, descubrí una cultura, una sociedad y una ciudad, Tokio, que me entusiasmaron, además de suponer para nosotros unas minivacaciones magníficas. De hecho ahora en mi casa se come muchas veces comida oriental influidos por ese interés de los dos y a todos nos gusta. Resulta curioso que uno de los sitios más visitados y bellos de Tokio sea el Palacio Imperial, Kökio, en el distrito de Chiyoda y  que uno de sus accesos sea el puente Nijubashi, que salva un hermoso foso que rodeaba el castillo de Edo, sobre el que se construyó el palacio cuando los emperadores trasladaron la corte desde Kioto. Como veis, otro foso nos lleva a un transcurso circular de la existencia y de la memoria, al final todo parece desembocar en un tiempo irreal y caótico al que podemos acompañar con una sonrisa y poco más, porque siempre se burlará de nosotros.



jueves, 12 de febrero de 2015

Al encuentro del palimpsesto

 R. L. EASTON, K.KNOX AND W. CHRISTENS-BARRY © PROPIETARIO DEL PALIMPSESTO DE ARQUÍMEDES
















Hace unos días alguien me comentó algo sobre un acto de homenaje a los asesinados de Charlie Hebdo y cuando lo hablé con unos compañeros a todos nos parecía como que ese desgraciado acontecimiento fuera algo remoto y poco relevante ya. Resulta que solo había pasado un mes desde el  terrible suceso. Todas las plumas y lápices afilados en favor de las libertades y contrarios a la barbarie vierten su tinta y desgastan su grafito en otras cuestiones de rabiosa actualidad.

Este hecho que vengo a criticar nos parece tan actual, tan oportunista casi, tan asociado al exceso del uso de las nuevas tecnologías de la comunicación en el siglo XXI, alguien diría que por el abuso de las redes sociales también y por la banalización de contenidos de los medios de comunicación tradicionales, donde las informaciones se quedan obsoletas en menos de 24 horas y es completamente imposible esperar un mínimo de análisis o reflexión desinteresada con cierto sosiego sobre temas que nos incumban por mor del cuerpo o del espíritu. 

Los palimpsestos son unos textos que ocultan otros que han sido borrados de ese soporte pero han dejado restos que con posterioridad han podido ser recuperados. De esta forma se han conocido obras fundamentales de nuestra cultura como algunas teorías matemáticas de Arquímedes  o escritos realmente trascendentes de Aristóteles, por ejemplo. En la literatura han supuesto no solo una fuente de inspiración para novelistas sino una forma de entender cómo o para qué se escribe, aportando conceptos tan interesantes como la intertextualidad. También han influido en la semiótica y otras disciplinas, pero eso lo dejamos para los expertos.

Hay dos aspectos del estudio de los palimpsestos que me llaman la atención: 

El motivo por el que se hacía la sustitución, que se debía normalmente a causas económicas y físicas como la falta de papiros y luego de papel o la falta de espacio para su almacenamiento y las causas filosóficas o políticas y religiosas, es decir, cuando la desaparición de textos era originada por sus contenidos. 

El otro aspecto que me resulta curioso es ver el orden de la sucesión de temáticas que ocultaban o conservaban, según se mire, estos legajos. Normalmente la sucesión solía ser la siguiente: ciencia, política, filosofía y, finalmente, religión. Supongo que ese orden atiende a una lógica histórica de nuestra civilización occidental, desde la incipiente Grecia hasta los monasterios medievales europeos, que es donde acaban guardados todos aquellos manuscritos.

LOGOS de Francois Bucher. Fotografía: Antonio Torres
Se podría concluir que lo de ocultar información y  machacarla con otra más novedosa es algo que ya practicaban en el siglo III antes de Cristo, por lo que considero erróneo achacarlo en nuestros días al uso de internet o a la crisis de las empresas editoriales y más bien lo entiendo como una maniobra del poder para manipular la información y la opinión de todos con fines muy concretos y casi siempre malvados. No debemos confundir la estrategia con el objetivo.

Desde esta perspectiva me puse a elucubrar sobre qué información había sustituido al terrible atentado y posterior "ajusticiamiento" de los presuntos culpables,  cuál otra se me venía a la cabeza que hubiera estado escondida tras aquellas en el virtual papiro y porqué estas tres noticias habían tenido alguna relación entre sí. 

El resultado de mis pesquisas fue que la noticia que tapó a la de Charlie Hebdo en España fue el adelanto de las elecciones en Cataluña y la que se vino a mi cabeza por haber sido tapada por estas era la de la matanza en la Playa del Tarajal (aunque esto último había ocurrido casi un año antes), donde murieron 15 inocentes a manos de miembros de las fuerzas de seguridad de nuestro país, en una suerte de juego macabro de barraca de feria en el que se disparaban bolas de goma y gas lacrimógeno  al mar para impedir que estas personas avanzaran nadando unos cuantos metros hasta tierra firme, empujadas por la miseria, el hambre y los reportajes televisivos sobre Cristiano Ronaldo. 

A veces al estudiar el palimpsesto de nuestra memoria reciente encuentras asociaciones que por ilógicas resultan ser las más perspicaces. No se si estoy haciendo una reivindicación  del "periodismo lento" como lo llaman ahora, o lo contrario.  Lo mejor o lo peor de todo esto es que seguiremos encontrando...


miércoles, 21 de enero de 2015

Recuerdo

Foto Larry Fink


Hoy es un día de tristes recuerdos, un día gris y frío de invierno inmisericorde, un día rodeado por la pena y el miedo a partes iguales, un día en el que la ilusión y el entusiasmo han decidido tomar un descanso, un día en el que el pasado asedia al presente y desplaza lejos al futuro, un día en el que lo cotidiano pierde color y se queda parado en un tono amarillento y un poco apolillado, un día en el que queremos dejar de pensar y en el que si pudiéramos no asomaríamos la nariz por encima de las sábanas.

Mañana deberemos conseguir que hoy quede archivado en un ayer reciente, que la memoria lo maltrate y que nuestra cabeza lo sitúe en una de esas esquinas que nunca se barren para que el polvo de la melancolía lo tape por mucho tiempo, hasta que las telarañas del olvido lo hagan inaccesible a nuestra conciencia de vividores y luchadores por una vida feliz y placentera que ponga cordura a aquellos desencuentros y dislates de la vida que nos tumbaron la alegría . Como decía el personaje de Violetta en La Traviata "en el mundo es locura todo lo que no es placer" (ni Alejandro Dumas lo hubiera puesto mejor en boca de su Margarita Gautier).

Aunque dolorosa, no es que sea, desgraciadamente, la pérdida más significativa para mis entretelas hoy, sin embargo me voy a tomar la licencia de poner aquí un recorte de uno de los artículos de la admirada Concha Caballero.

"Nos habían dicho, de mil maneras, que el radicalismo se curaba con la edad; que era una especie de enfermedad juvenil que prendía especialmente entre la gente de buen corazón. Nos decían que con los años, la experiencia y los golpes de la vida se amortiguaba la visión crítica de la realidad y que, a partir de los cuarenta, uno estaba dispuesto a negociar con la realidad y a dejarse vencer, cuando no a convencer.
Justo cuando estábamos a punto de cumplir las palabras de Neruda —“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”— o la profecía poética de José Emilio Pacheco — “Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los 20 años”— (...)*
Por eso, con los años y la experiencia, muchos nos estamos volviendo más radicales. Y ojalá no fuera así. Ojalá la realidad nos permitiera pintar la vida en vivos colores y no ser tan dolorosamente conscientes del sufrimiento ajeno. Y no me refiero a un radicalismo verbal ni gestual, a la torpe exhibición de camisetas o de enseñas. No tenemos el puño en alto sino el corazón en un puño ante los nuevos tiempos. Y esa flor extraña de impotencia, de radicalismo profundo y reflexivo, pugna por hacerse ramillete, prometedor fruto, que no desesperanza".

* Las siguientes palabras de Concha hacían referencia a los avatares recientes de todas las crisis-estafas que sufrimos en este tiempo, yo lo uso en el sentido de que era mentira que los golpes de la vida te amansen, más bien al contrario te aclaran el pensamiento, te esparcen el corazón y valoras mucho más lo de esperar cantando...


viernes, 16 de enero de 2015

Hoy comienzo...


Carmen Laffon

Hoy comienzo a escribir y compartir, conceptos siempre unidos pues no se escribe si no es para ser leído y por tanto para ser acompañado, este cuaderno en el que pretendo verter algunas reflexiones sobre mi entorno, sobre mi "tribu", sin más pretensión que respetar el principio de no levantar fronteras.

Cubierta es una palabra con tantas acepciones que cada uno le encontrará un sentido diferente en cada entrada. Hoy más que algo que protege, como la cubierta de un edificio, o que cierra, como  la tapa de un cuaderno, quiere ser la superficie abierta de un barco. Lo que te conecta con el exterior, lo que permite que el aire fresco y húmedo te de en la cara, lo que ayuda a que vislumbres el rumbo mirando al horizonte o lo que te da la certeza de que navegas al lado de otros seres vivos.

Todos los que me conocéis sabéis de mi poca afición a lo marino, de mi lejanía al capitán Ahab y se pueden imaginar que nunca haría como Ishmael, irme a descubrir la parte marítima del mundo cuando no sepa muy bien qué hacer. Contrariamente, en esas circunstancias me acercaré a esta cubierta y os contaré lo que me parezca como si estuviéramos charlando en una azotea del barrio de San Lorenzo o en la terraza de nuestra casa en el "Manaó", teniendo en el horizonte la campiña y los cerros ondulados de las estribaciones de Sierra Morena.

Si en una ventana de cualquier estancia de vuestra casa en la que dé el sol ponéis un panel que la tape completamente y abrís un pequeño orificio el reflejo del sol cada día a la hora del cenit irá haciendo un  recorrido similar al de la imagen, si lo mantenéis durante un año habréis construido vuestro calendario solar, como los egipcios en sus pirámides, y la medida del tiempo en vuestro hogar será única.
  
Analema